Eterno retorno
Nuestras vidas están sometidas a ciclos. La vida social está sometida a ciclos, todo vuelve, hasta las campanas a los pantalones. Una película que expresa muy bien ese sentimiento de ciclo constante, donde una personas reemplazan a otras en la misma historia, que se repite una y mil veces, es Primavera, verano, otoño, invierno, primavera (2003), de Kim Ki Duk.
La película cuenta la historia de un maestro budista, a la sazón curandero, y su discípulo, desde que este es niño hasta que se convierte en maestro. Destacan los paisajes pero sobre todo el argumento, aunque al principio parece que nada va a pasar. Pero ese es uno de los aciertos de la película, y es que debajo de la realidad, aparentemente tranquila, están sucediendo cosas. Con apenas unas pequeñas pinceladas se cuentan diez años en la vida de una persona. Que poco interesantes somos los humanos. Pero es que además esa historia se repite constantemente. No somos nada originales